lunes, 2 de febrero de 2015

Dichosa procrastinación.

Se llamaba (...) y una gota de sudor frío recorría su frente. Sobre la postergación indefinida, casi infinita, como una recta paralela a la vida y que nunca se corta, de las causas que tejían los sucesos futuros y futuribles. Las acciones posibles o probables volteaban su cabeza, las probabilidades reventaron su alma opaca. Perdido. Quizás si moviera un dedo, (...) sería el nuevo instigador de las masas, alzando su puño. Tal vez un mendigo mirando de cara al olvido si se frotara la mejilla derecha. Rascarse la nariz lo convertiría seguramente en un héroe de la música. Un escéptico enclaustrado filósofo, combatiente inamovible por el triunfo de lo realmente valioso, aguardaba manifestarse en el lóbulo de la oreja derecha.

Un respiro, permitiéndole ignorar momentáneamente las catastróficas consecuencias sucesorias, le proporcionó alivio suficiente para hacer descansar su mente. Meterse las manos en los bolsillos y sentarse en el suelo. Escuchar como le acariciaba el viento y cantar una canción de amor al oído del tiempo. Quizás, haciendo eso solo sería (...).

-Yo,  (...) , vagando y saltando por los hilos de las causas, he decidido renunciar a cualquier tipo de responsabilidad que se me atribuya por la decisión que fuere. Me limitaré a no atender a las consecuencias de mis actos, no haciendo nada si así lo considero oportuno o haciéndolo todo si así fuere mi deseo.-

5 comentarios:

  1. El peligroso poder que encierra ser elevado a la categoría de ídolo de masas. O esa, al menos, es mi interpretación. Aunque, ¿a quién le importa lo que yo haya interpretado? Un abrazo, Tomeu.

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  2. Toda interpretación vale! :D Más bien lo que quiero decir es que la sociedad siempre asigna roles y tú tienes que asumirlos, tener un papel en ella, un trabajo, ser productivo... Blablabla. Un abrazo!

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  3. Nada mejor como un respiro en el momento adecuado. Por ejemplo, éste.

    ¡Abrazos!

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  4. No hay nada como sentirse libre, incluso de nosotros mismos.
    Ser dueño de nuestras responsabilidades.
    Y que todo dependa únicamente de nosotros mismos.
    Porque, la verdad es tal y como la entendemos, un enigma.
    Y para encontrarla, primero hay que encontrarse a uno mismo.
    Sino, ¿cómo poder entender el movimiento del mundo?

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    Respuestas
    1. Primero hay que encontrarse a uno mismo. Pero eso se logra metiéndonos dentro de nosotros, no mirando hacia fuera. La libertad se logra desde dentro hacia fuera. Totalmente de acuerdo.

      Un saludo.

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