martes, 23 de junio de 2015

Solo existir.

Bajo el cielo y sobre la tierra
pasea el indiferente que yo soy,
cabeza agachada, rima mala de poeta
acompasado por la madrugada en calma,
la sinceridad nocturna.

Movido por un impulso vacío,
endeble, por el hastío,
el motor único del rumor de mis pasos.
Por los suspiros al limbo de las posibilidades.
Por aquellos llantos insurreccionales.
Por el qué ha venido y el qué vendrá,
el mito de las decisiones, los proyectos olvidados.

Voy a escuchar a aquel cantautor,
voz ronca, poesía olvidada,
ahogado en la búsqueda imposible de la belleza
amarrada a la contradicción permanente
de la vanidad de los indolentes,
escondido en la luz apagada.
A ver si con sus ahítos suspiros irracionales
ilumino una pequeña vela.

Entumecido el cráneo, dispersa la mente
bajo la niebla de lo futurible.
Inevitablemente tenemos que dar el siguiente paso final
¿Y qué?
Aire de tranquilidad perpetua pero insistente,
mentirosa que esconde la búsqueda de la imposible belleza
y que busca desgarrarse en estas palabras, que son lágrimas.
Que son un efímero escondite
Que son lo indeseable, a veces…

¿Y el miedo? ¿Dónde ha quedado el miedo?
No te mientas, no.
Bajo el cielo y sobre la tierra
es el miedo el que nos mueve.
Es la frustración de lo que fue posible,
es el golpe, y el acorde, y el otra vez,
y la canción de redención y compasión
y el acerbo,
La contradicción, la contradicción, la belleza imposible
y lo bello de estar desnudo frente a la aparente crueldad.
La hermosura de respirar y seguir adelante,
Adelante.

Bajo el cielo y sobre la tierra
paseo yo, el indiferente,
pisando lo hermoso e indescriptible,
la fiebre, lo próximo, vivir acelerado,
solo existir.

domingo, 24 de mayo de 2015

Bendito desorden literario.

- Vamos a ordenar los libros de encima de la mesa.-
- ¿Por qué?-  pregunto. Ya siento que tendremos que ponernos manos a la obra.
- Me gustaría tener una mesa donde poder desayunar- vaya, hombre, yo desayuno en el mármol de la cocina, pienso.
- Pero… es apoyo emocional. Mira, es con solo verlos ahí… Aleixandre, los quarks estos de un tal Fritzsch… a ti te gusta eso, seguro; Nietzsche por ahí… apoyan moralmente, contribuyen a la atmósfera de estudio… - igual cuela, ¿no?
- Quiero desayunar.-

Entonces cojo un libro aleatorio y leo un verso en voz alta - siempre al alcance de la mano, claro, bendito desorden – con tal de convencerle de que el desorden es bueno y acogedor.

La mesa estaba llena de libros y papeles, partituras, apuntes que nunca releo y cien veces reescribo y cien veces más se acumulan sobre esos otros. La pila de libros. A veces me gusta retocar las pilas de libros para que queden bonitas. No es lo mismo una pila de libros que se erige vertical que una que la repartes en varios montoncitos. Es más delicado. Creo. Además, ya no sería una pila de libros, serían varias pilas de libros más pequeñas. Es repartirlas bien en el espacio, coherentemente. También hay un par de atlas mazacotes por ahí encima, sí, buah, el de The Times es tan genial. El único problema es que la mesa circular donde todos se acumulan ha quedado tan invadida que ya nadie puede desayunar. Así que, o desayunas en la cocina o desayunas en la mesa del ordenador mientras tienes el ratón por ahí entrometido, estorbando y peleando con tu croissant. O cruasán. Bueno, y luego está esa antología de poesía de las letras hispánicas que creo que soy yo el único que la ha sacado de la biblioteca (un par de veces seguidas) en los últimos cuatro años.

El problema está en cómo ordenar la mesa, cómo reorganizarla. Si los libros están encima de la mesa porque no había otro espacio posible en ninguna estantería, ¿dónde coño piensas ponerlos ahora? ¿En una pila de libros en el suelo? ¿Encima del sofá? Pero en el sofá hay carpetas amarillas y azules. Bendito desorden literario. Bendito desorden acogedor de poesía y letras. Desayunemos en la cocina, que luego pasear por la sala, mientras estudias, es más interesante.

-¿Pero me ayudas a recoger la mesa o no?- Claro, ante la situación me he puesto a escribir esto, je.

- Mmm…-  Se me han acabado las excusas para la pereza. Debería contribuir. Lo único bueno de recogerlo todo es que igual encuentro mis llaves.

martes, 19 de mayo de 2015


Hay un llanto encerrado,
Hay un lamento iracundo,
Hay una garra escondida,
Hay un grito reprimido,
Hay un grito angustiado, acorazado,
Hay una palabra que brama, una expresión ofuscada,
Hay una dicha valerosa, una máxima egocéntrica,
Hay un verbo apagado, un verbo minimizado,
Hay una decepción paulatina, una caída vertiginosa,
Hay una vorágine recóndita y oscura,
Hay una piedra que pesa en el pecho,
Hay una piedra que busca liberarse de ataduras,
Hay una espina que pretende vociferar de rabia mordida,
Hay un dolor que siente que no siente,
Hay una conmoción que siente que no calma,
Hay un ala inhóspita,
Hay un viento que no alza el vuelo,
Hay un hostil pensamiento,
Hay una indiferencia acumulada,
No hay lugar.
No hay sitio.
No hay noche hospitalaria.
No hay soledad hermana.
No hay.
No hay.
No.
No.

… hay una esperanza calcinada
Unas cenizas debilitadas
Una luz contemplativa
Una leve fría brisa
Una hierba del jardín que pincha la piel
Un rayo de sol que entra por la ventana
Un ligero cruce de caminos que posibilitan
Una serenidad blanca
Un recuerdo vívido y vivaz
Una tornasolada melancolía
Una pequeña lágrima, débil lágrima
Una ternura de nostalgia
Un abatimiento
Unas teclas blancas
Unas manos refinadas y blandas
Unas caricias
Una melodía lenta


martes, 5 de mayo de 2015

Las mentes inquietas y las personas tranquilas.

Decididamente, creo que soy de mente nerviosa. Aunque esto choca de frente con la calma aparente con la que llevo todas las cosas. Eso no es que no tenga prisa, más bien creo que soy de naturaleza distraída, que tengo muchas ideas en la cabeza y mi atención va más hacia dentro que hacia fuera. Por eso soy de mente nerviosa. Porque muchas veces acabo sorprendiéndome traqueteando con los dedos sobre la mesa y mirando al infinito y apurando las horas del reloj mientras escudriño cualquier conflicto interno. Luego, por fuera, parezco un tranquilo. Así que, decididamente, creo que soy nervioso hacia dentro, no hacia fuera. Me es más reconfortante que no haya demasiado movimiento a mi alrededor, eso me pone nervioso, me inquieta (aunque depende del tipo de movimiento). Eso también puede significar que sea sensible al ruido, aunque entonces no lograría explicar el porqué de mi habitual impuntualidad, aunque tampoco tiene relación con el ruido, claro. Supongo que un “nervioso externo” se apuraría siempre para llegar a la hora que le reclaman. En cambio, yo no encuentro el momento para dejar de hacer las cosas que estoy haciendo y lo apuro al máximo hasta el punto que acabo llegando tarde. Luego se me acusa de calmado. Bien, pues calmado externo. No interno. Porque por dentro siempre estoy inquieto. Luego me sorprendo soltando dichas inconexas e incoherentes con la situación. “Qué día más bonito”. Pero el día es que es bonito. Ahora bien, el tener una mente inquieta o el traqueteo de los dedos y el no estarse quieto no significa, necesariamente, hacer las cosas rápido. No. La rapidez no va asociada. La mente inquieta y nerviosa tiene que analizar y darle mil vueltas a las cosas (también es bastante autónoma y presta poca atención a las cosas que no le interesan) y eso lo retarda. ¿Eso quiere significar constancia? Pues no lo creo. Tampoco me considero una persona constante y perseverante, más bien “voy a golpes”, como me dijeron un día. Impulsos internos, nerviosos y lentos, no perseverantes. Y con lo que he dicho de autonomía, pues bien, sí. Me pone nervioso que me metan prisa en aquello que no tengo prisa. Estoy mirando la pared y pensando en alguna cosa, no me metas prisa, no soy un calmado, solo tengo una mente inquieta y esa inquietud no pienso dirigirla a cosas que no me interesan lo más mínimo, no es que sea un procrastinador natural o un tranquilo, en el sentido casi malo, solo quiero ir a mi aire.

viernes, 10 de abril de 2015

Las llagas del tiempo.

Después de uno de esos momentos en que oso vanidosamente poner el universo entre paréntesis e intentar acorralarlo entre las palmas de mis manos, me he sentido vencido por la sabiduría de los años que pesan y todas las llagas que reúne mi abuela de su paso por la vida. Mi hermano leía “El gen egoísta” y, abrumado, ha corrido a mostrarme todo cuanto le han inspirado las pocas páginas que ha devorado. Yo, entusiasmado, he iluminado mi mirada y ha empezado a encenderse la corriente entre nosotros que nos ha llevado a discutir muy efusivamente sobre el qué, el todo y la nada. El ser, el no ser, el bien y el mal. Mi abuela, con su frente profunda y marcada por la sabiduría de quien ha visto más y ha recorrido más, ha acabado refutando y poniéndonos los pies en la tierra. Su vasto argumento de experiencia (toda una vida, toda una guerra, hambre, la vocación hospitalaria de una enfermera y la vocación materna hacia toda persona) me ha dejado admirado. Y finalmente, callado, no he podido más que darle la razón. Aunque esté equivocada, solo la sabiduría de tantos años basta para acallar todas las exhalaciones de joven que cree aspirar a la cumbre y que no son más que trazos, brochazos gordos que desdibujan ideas tímidas y poco sólidas. La mirada fija de ojos grises de mi abuela me ha erizado los pelos de todo el cuerpo.  

jueves, 19 de marzo de 2015

...

- Ven, ven. Mira esto. Es asombroso. ¿Lo oyes? – ¿Quién es este? piensas, confundido (porque esta es tu historia) – Tssss… No tengo tiempo para miradas con interrogaciones, no te distraigas. Solo escucha…- Solo oyes el viento, el silencio empapando las paredes y aquel pequeño murmullo de guitarra, rítmica y con su compañera solitaria, inventando una melodía improvisada; pero eso solo lo oyes cuando te detienes un poco más – Pero es que tienes que esforzarte para escucharlo. Es un fluir, pienso. No basta con quedarse mirando las paredes fijamente, perder la vista en un punto fijo… No, a veces hace falta cerrar los ojos, ¿sabes? Y entonces, oh tío, entonces lo sientes, ¿me oyes? – Tú puedes seguir alucinado, es posible, quizás solo sea un personaje inventado, un arquetípico colgado escupiendo estupideces y con labia embadurnadora que ha entrado por estas letras a perturbar ligeramente tu comodidad. Aunque puede ser que seas tú. No sé, ¿no lo has pensado? Buscamos el fluir ese que todos desconocemos pero que somos conscientes de que existe. A ver, es algo complicado de explicar… - Solo me gustaría que intentaras escuchar de vez en cuando todo cuanto te rodea. En ese instante, en ese momento en que oyes las mínimas partículas que hacen vibrar el aire que silba cerca de tu oído, en ese momento en que los minúsculos detalles esparcen su color sobre todo cuanto es real. Es abrir los ojos para escuchar la música, es cerrarlos para sentir como la armonía de esa guitarra rítmica, una y otra vez, una y otra vez, sigue a ritmo constante y… y tú pones la melodía improvisada. Tú eres el solista de los compases. Tú corres por los pentagramas de tu existencia. Tú subes la colina a tu manera y rompes la cadencia de cualquier forma. Tú pones la música de tu vida… - Ahora puedes dejarlo estar y seguir con tu monótona pesadumbre o seguir leyendo a ver qué dice; creo que tiene algo importante que decirte – Yo creo que primero hay que pararse a mirar. Lo ves, te callas y lo escuchas, observas. Y la efervescencia de los pequeños rayos de luz que entran por la rendija y te contagian de su energía… es milagrosa. Y las voces que engalanan tus caminares solitarios y que los hacen tan originales. Como aquella flor, ¿me oyes? Aquella flor que creció sola en el jardín en la única esquina donde la luz era una extraña y tuvo la osadía de crecer valiente y rosada y gritarles a sus compañeras que el color que la engrandecía brillaba más y por encima de las facilidades que las habían visto nacer. Y si sigues callado, el ritmo sigue fluyendo, sin cesar. Y si sigues el ritmo, si te concentras en solo escucharlo, en solo sentirlo, en aislarlo como si tuvieras que cogerlo y tenerlo entre las palmas de tus manos, delicado, verás que la tienes. Tienes la magia, la tienes en tus manos. – puede ser que sigas confuso, no pasa nada, déjale terminar - ¿Y bien? ¿Qué coño me quiere decir este detrás de tanta palabrería de arlequín visionario? Bueno, solo quiero que lo cojas, sí, eso que tienes entre las manos. Quiero que lo cojas y te lo metas en el bolsillo y ahí lo lleves siempre. Cuando una sombra se meza sobre tus párpados o ensombrezca tu mente, cuando sientas que la lluvia gris es la única que abriga tu presencia, sácalo, vuelve a escucharlo, bien guardado entre tus manos, el ritmo incesante que te lleva atado. Quiero que sea tu salvación, que te refugies en ello. Que tengas siempre presente que, pase lo que pase, guardado en tu bolsillo tienes ese impulso que te hará seguir hacia delante y… - ahora deberías sonreír ligeramente – tú pones la melodía, tú eres el solista que improvisa por encima. -

viernes, 6 de marzo de 2015

Los bebedores de kéfir.

Es como una comunidad biótica de bacterias y pequeños seres conspiranoicos que viven a la sombra de la humanidad, en su pequeño mundo dentro del bote y untado en yogur pastoso, creciendo sin cese y con la calma aparente de quien no es más que una minucia para nosotros, que lo sostenemos en alto para verlo bien y maravillarnos. En realidad lo sostiene mi hermano. Lo contemplamos desde abajo, curiosos y embobados. Resulta que apareció por casa porque nos lo trajo un hombre que tocaba el piano. Cuando crece y sobrepasa los límites posibles del mundo-pote, la comunidad se divide y se pasa a otra persona, amablemente, para que acoja la nueva comuna de seres miniatura. Sí, es que yo pienso eso. Una comuna heterogénea de levaduras y bacterias de pleno derecho que han implantado un lactocomunismo y avanzan siempre derechos, guiados por la recta razón hacia el bien común. Su fuente única de recursos y sustento de vida es la leche entera de su mundo-pote. Y por los efectos devastadores que podemos tener sobre ellos, por su inevitable dependencia de nosotros, nos convertimos en una especie de dioses… de ordenadores del mundo… de manos providentes que intervienen para moldear el curso de la vida de la comuna lactocomunista. Están sujetos a nosotros. ¿Qué haremos cuando nos nieguen? Sin embargo, los dejamos crecer y seguimos bebiendo kéfir.